
Inauguración de Laura Glusman en el Museo Castagnino
sábado, 5 de octubre de 2024
El sábado 5 de octubre de 2024 a las 19:00 h inaugura "El sonido de los pájaros". Instalación site specific de Laura Glusman, en el Museo Municipal de Bellas Artes J.B. Castagnino de la ciudad de Rosario (Av. Pellegrini 2202).
Organizan: Museo Municipal de Bellas Artes Juan B. Castagnino y Municipalidad de Rosario.
Acompañan: Diego Obligado Galería de Arte, eltres TV, La Segunda Seguros.
En el marco de la 7QAR2024 (Séptima Quincena del Arte Rosario).
El sonido de los pájaros
El sonido de los pájaros es un proyecto site-specific que desafía los límites del paisaje, articulando sonido y video con el énfasis puesto en la construcción de un espacio como contenedor de todas las dimensiones posibles.
Un fragmento de un espacio inmerso en otro espacio; paisajes del litoral aislados dentro de un cubo blanco. Un ambiente oscuro se convierte en escenario donde cada sonido –el canto de los pájaros, el murmullo del río, el estruendo de la maquinaria invasiva– nos recuerda que la naturaleza y la intervención humana están entrelazadas en una coreografía inevitable.
Es precisamente en esta instalación inmersiva donde el paisaje se disuelve en fragmentos sonoros y visuales, tejiendo una narrativa en la que la naturaleza ya no es un refugio inalterable, sino el eco de la huella humana. Las pantallas nos muestran recortes de un litoral que, en su superficie, parece libre de intervención, pero al escuchar, se revela contaminado por la presencia invisible del hombre.
Los modos en que habitamos el mundo son los que terminan por reconstruirlo, y la naturaleza deja de ser solo un telón de fondo para convertirse en un campo de batalla: los sonidos del Paraná —el canto de los pájaros, la corriente del agua, los árboles, los insectos y sus silencios, siempre tan cercanos— se mezclan con motores, alarmas, disparos, motosierras, radios y drones, revelando un paisaje en tensión. Las islas, amenazadas por el fuego, se muestran como símbolos de esta lucha sin ganadores.
Aquí, las fronteras entre lo humano y lo natural se desvanecen; no existe separación posible, solo un cruce constante, una transformación continua.
La tarima, evocando un muelle, nos sitúa en el lugar de llegada y partida, un centro de contemplación desde el cual el espectador se convierte en testigo clave de esta coreografía. Desde allí, las dimensiones del paisaje se expanden, revelando tanto su belleza como su profanación. ¿Qué significa realmente habitar un paisaje? ¿Cuáles son sus verdaderas dimensiones?
El sonido de los pájaros es la poesía rota de un paisaje en tensión. Y el espectador es invitado a reflexionar sobre un mundo que evidentemente ya no podemos habitar en silencio. En este espacio, la amenaza es constante. La naturaleza ya no es silenciosa: el río habla, los pájaros cantan, pero también lo hacen los motores. No hay silencio, no hay inocencia. El paisaje suena, habla, grita. No somos meros observadores; somos parte activa de este paisaje en constante movimiento.
El sábado 5 de octubre de 2024 a las 19:00 h inaugura "El sonido de los pájaros". Instalación site specific de Laura Glusman, en el Museo Municipal de Bellas Artes J.B. Castagnino de la ciudad de Rosario (Av. Pellegrini 2202).
Organizan: Museo Municipal de Bellas Artes Juan B. Castagnino y Municipalidad de Rosario.
Acompañan: Diego Obligado Galería de Arte, eltres TV, La Segunda Seguros.
En el marco de la 7QAR2024 (Séptima Quincena del Arte Rosario).
El sonido de los pájaros
El sonido de los pájaros es un proyecto site-specific que desafía los límites del paisaje, articulando sonido y video con el énfasis puesto en la construcción de un espacio como contenedor de todas las dimensiones posibles.
Un fragmento de un espacio inmerso en otro espacio; paisajes del litoral aislados dentro de un cubo blanco. Un ambiente oscuro se convierte en escenario donde cada sonido –el canto de los pájaros, el murmullo del río, el estruendo de la maquinaria invasiva– nos recuerda que la naturaleza y la intervención humana están entrelazadas en una coreografía inevitable.
Es precisamente en esta instalación inmersiva donde el paisaje se disuelve en fragmentos sonoros y visuales, tejiendo una narrativa en la que la naturaleza ya no es un refugio inalterable, sino el eco de la huella humana. Las pantallas nos muestran recortes de un litoral que, en su superficie, parece libre de intervención, pero al escuchar, se revela contaminado por la presencia invisible del hombre.
Los modos en que habitamos el mundo son los que terminan por reconstruirlo, y la naturaleza deja de ser solo un telón de fondo para convertirse en un campo de batalla: los sonidos del Paraná —el canto de los pájaros, la corriente del agua, los árboles, los insectos y sus silencios, siempre tan cercanos— se mezclan con motores, alarmas, disparos, motosierras, radios y drones, revelando un paisaje en tensión. Las islas, amenazadas por el fuego, se muestran como símbolos de esta lucha sin ganadores.
Aquí, las fronteras entre lo humano y lo natural se desvanecen; no existe separación posible, solo un cruce constante, una transformación continua.
La tarima, evocando un muelle, nos sitúa en el lugar de llegada y partida, un centro de contemplación desde el cual el espectador se convierte en testigo clave de esta coreografía. Desde allí, las dimensiones del paisaje se expanden, revelando tanto su belleza como su profanación. ¿Qué significa realmente habitar un paisaje? ¿Cuáles son sus verdaderas dimensiones?
El sonido de los pájaros es la poesía rota de un paisaje en tensión. Y el espectador es invitado a reflexionar sobre un mundo que evidentemente ya no podemos habitar en silencio. En este espacio, la amenaza es constante. La naturaleza ya no es silenciosa: el río habla, los pájaros cantan, pero también lo hacen los motores. No hay silencio, no hay inocencia. El paisaje suena, habla, grita. No somos meros observadores; somos parte activa de este paisaje en constante movimiento.




